Las primeras uvas de invernadero aparecen en junio, las variedades tempranas siguen hasta septiembre, cuando hacen su aparición las mejores, que se mantienen hasta el final de año aunque existen variedades de uva de mesa en los mercados durante todo el año. Lo mejor está en la piel donde se concentran betacarotenos, taninos, ácido málico, oligoelementos y antioxidantes. En la uva negra abundan el resveratrol y los bioflavonoides, el primero un antioxidante que proporciona a la fruta y al vino su color tinto. Además, es un buen protector cardiovascular y un anticancerígeno capaz de aumentar las defensas del organismo.

Rica en azúcares monosacáridos como la glucosa y fructosa, que se asimilan con gran facilidad y aportan energía sin fatigar el organismo, calcio que estimula el trabajo del hígado y los riñones –órganos que limpian y equilibran la sangre–, contiene también fósforo y magnesio. Entre sus ingredientes encontramos también fibra con elementos prebióticos que favorecen el buen funcionamiento del intestino, producen efecto laxante y mejoran la flora bacteriana.