La investigación llama la atención dado que se ha realizado en Finlandia, una de las economías más potentes de la Unión Europea y uno de los países con mejores prestaciones sociales. Tanto es así, que existe un plan nacional por el que se les proporciona comida gratuita a todos los alumnos de la escuela pública y dicha alimentación está diseñada para que sea variada y saludable siguiendo la alimentación típica de la región.

Este plan contempla los horarios de comidas como un elemento pedagógico más para enseñar hábitos saludables a los niños desde edades tempranas, además de buenos hábitos en la mesa y otros valores éticos y morales en torno a la comida. Además, los alumnos participan en muchos casos en la planificación y elaboración de las comidas, lo que aumenta su curiosidad hacia la cocina y la alimentación.

Este plan de alimentación escolar está dentro de la Ley de Educación Básica administrado por el Ministerio de Educación Finlandés y proporciona desayuno y comida diaria de lunes a viernes a alumnos de educación pre-escolar, básica (la obligatoriedad comienza a los 7 años de edad), secundaria y superior (cerca de 850.000 alumnos diarios). Además, unos 47.000 niños que participan en actividades extra-escolares antes y después de su horario obligatorio de escuela, también disfrutan de meriendas.

Ante estas condiciones, cabe pensar que Finlandia es un país libre obesidad infantil aunque, lamentablemente no es esa la realidad ya que se estima que aproximadamente el 15% de sus niños sufre exceso de peso (dentro de los países considerados “ricos” se encuentran en la mitad superior en sobrepeso infantil). Esto, entre otras causas, se puede achacar a que Finlandia es el país de esta lista de “ricos” donde menos se consume fruta fresca tal como muestran las estadísticas de UNICEF, seguramente relacionado con sus condiciones climáticas (menos del 30% de los niños lo comen a diario).

Recientemente han sido publicados varios artículos como resultado de una tesis doctoral realizada por la ya Dra. Aino-Maija Eloranta de la Universidad del Este de Finlandia. Tras analizar el comportamiento alimentario y hábitos de vida de 512 niños y niñas entre 6 y 8 años de edad ha podido determinar que uno de los factores que se encuentran más altamente relacionados con el exceso de grasa corporal es es saltarse alguna de las comidas principales (desayuno, comida o cena), seguido directamente del elevado consumo de bebidas azucaradas, principalmente refrescos y zumos. Según el estudio, también influyen aunque en menor medida, el consumo de carnes rojas y el elevado consumo de margarinas vegetales en detrimento de los aceites vegetales.

El riesgo de padecer un episodio cardiometabólico en el futuro de estos niños se evaluó teniendo en cuenta su perímetro de la cintura a nivel del ombligo, el cual refleja el nivel de adiposidad abdominal, sus valores de insulina en suero, glucosa en plasma en ayunas, así como los niveles de triglicéridos, colesterol HDL en sangre, además de mediciones de la presión arterial.

Paradójicamente, el estudio también mostró que menos de la mitad de los niños tomaban las tres comidas principales todos los días. En cambio, las meriendas o aperitivos eran una fuente importante de energía basada principalmente en azúcares. Según reflejan los trabajos, una minoría de los niños consume verduras y frutas siguiendo las recomendaciones pero un 25% de ellos consumía algún tipo de bebida azucarada al día. La ingesta de grasas saturadas, sal y sacarosa fueron mayores en los niños que se saltaban comidas mientras que la ingesta de fibra dietética, vitamina D y hierro eran más bajos de lo recomendado en estos niños.

Cabe mencionar que el plan nacional con el que comenzábamos hablando en esta noticia tiene aún un corto recorrido y que, por tanto, es de prever que en futuros años se vea reflejado su efecto positivo en la salud de los escolares finlandeses. Aun así, como es obvio, las comidas en la escuela son sólo una parte de la alimentación de los niños, por lo que si no se ven reforzadas por hábitos adecuados en los hogares, los planes escolares seguirán obteniendo resultados negativos para la futura salud de los niños.

En conclusión, estos trabajos demuestran la relevancia de que los niños y adolescentes que están en pleno proceso de crecimiento y desarrollo, deben consumir al menos las tres comidas principales siendo necesarias 5 comidas para que la alimentación sea realmente adecuada (añadiendo media mañana y merienda en la tarde), las cuales, deben ser preferiblemente de bajo contenido en azúcares, sales, grasas saturadas o colesterol.

 

Noemí López Ejeda (Asociada SEDCA)

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