El congelador es nuestro gran aliado de la cocina. No son pocas las veces que lo utilizamos bien porque nos ha sobrado comida, bien porque hacemos compras para más de un día, o sencillamente porque nos conviene tener provisiones para imprevistos.

Sin embargo, debemos tener cuidado a la hora de introducir un producto en el congelador si no queremos que se nos arruine. Los lácteos son de los más peligrosos, sobre todo si están líquidos o cremosos. Los quesos tienen mejor aguante, aunque se corre el riesgo de que, según del tipo que sean, al sacarlos queden muy harinosos. Las leches o las cremas, en cambio, tienen casi asegurada su pérdida, porque el suero que incorporan suele desprenderse.

Lácteos, cremas, huevos, tartas o frutas no se llevan bien con el congelador

Yogures y cremas agrias se cortan y se convierten en incomestibles, y la mahonesa al descongelarla se convierte en una masa sólida que ha perdido sus propiedades organolépticas, y cuando la probamos no degustamos sabor alguno.

Los huevos también son un producto bastante delicado. Si tienen cáscara, es preferible no meterlos al congelador. La razón es física pura. Uno de los aspectos a tener en cuenta cuando congelamos algo líquido es que hay que dejar un espacio vacío, porque la materia tiende a aumentar al solidificarse.

Según este principio, el interior de los huevos también se endurece, crece y puede llegar a romper la cáscara, con lo que quedan inservibles. Si los metemos sin cáscara, en cambio, los resultados son muy distintos porque la clara aguanta muy bien este proceso.

Las frutas y verduras son peligrosas. Estos alimentos presentan un alto contenido de agua que se convierte en hielo. Al volver a recibir calor no vuelven a su estado natural y crujiente, sino que se transforman en una masa pastosa y blanda muy poco apetecible.

Este consejo está especialmente indicado para los componentes de una ensalada, como la lechuga, el berro, el tomate, el pepino o la cebolla, ya que el resultado final va a resultar decepcionante.

Guisos

Los amantes de la cocina que han pasado horas frente al fogón para preparar un suculento guiso deben calcular muy bien las raciones para procurar que no sobre nada. Una vez introducido en el congelador, la parte que tienen más grasa se queda en el fondo y suele formar una masa sólida que, al volver a su estado natural, no presenta el mismo sabor y aroma iniciales.

Algo parecido ocurre con las tartas y pasteles, que se acartonan y pierden ese delicioso sabor que los vuelve tentadores. Los alimentos que no pueden ser congelados no son demasiados, y nos conviene tenerlo en cuenta para estar siempre preparados para ofrecer lo mejor de la cocina.

 

Fuente: El Diario Vasco
Fotografía: El Diario Vasco

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