‘No es la grasa, estúpido’, podría decirse manipulando la célebre frase de la campaña electoral de Bill Clinton en 1992. Porque en los estudios de nutrición cada vez está más claro que no importa tanto la grasa en sí, como su origen, a la hora de determinar sus efectos para la salud. La última evidencia en esta línea señala que el consumo de lácteos, ricos en grasas de origen animal, puede tener efectos protectores contra la diabetes tipo 2.

No es la primera vez que un estudio, por ejemplo, señala los beneficios del yogur contra esta patología, pero en esta ocasión, las ventajas son extrapolables a otro tipo de lácteos.

Los resultados proceden de una amplia investigación sueca que se ha dado a conocer en el transcurso de la reunión anual de la Sociedad Europea para el Estudio de la Diabetes que se está celebrando en Viena (Austria). Con los datos de casi 27.000 individuos de 45 a 74 años, seguidos durante 14 años, el equipo de Ulrika Ericson (de la Universidad de Lund, en Suecia) realizó un modelo matemático para estudiar la influencia de la dieta en los 2.860 casos de diabetes tipo 2 diagnosticados en este periodo.

Aquellos sujetos con mayor consumo de lácteos enteros tenían una incidencia de diabetes un 23% menor a la de los individuos que menos leche, yogures y nata comían; aunque curiosamente esta misma protección no se observó con los productos desnatados o bajos en grasas.

Aunque los detalles del estudio no se han publicado aún en ninguna revista científica, al desglosar el efecto por diferentes tipos de lácteos en la nota de prensa divulgada desde el congreso, los autores especifican los beneficios de la nata y de la leche entera (con un porcentaje de grasa en torno al 3%). Concretamente, explican, el 10% de los consumidores que bebían en torno a 180 mililitros diarios de leche entera, tenían un 20% menos riesgo de diabetes que el 60% de quienes no incluían este producto en su dieta.

Los especialistas aclaran que estos efectos no son aplicables a cualquier tipo de grasa de origen animal, puesto que en el caso de las carnes rojas se observó un aumento del riesgo de diabetes. Sin embargo, en el caso de las grasas saturadas de origen animal presentes en los productos lácteos, existe algún mecanismo que podría explicar su perfil beneficioso para la salud.

De hecho, algunos trabajos previos, realizados mayoritariamente con yogur, han sugerido que estos alimentos tienen una acción beneficiosa en la flora bacteriana cuyo efecto antiinflamatorio podría repercutir positivamente frente a la diabetes tipo 2. Por eso también, sugiere Ericson en declaraciones a EL MUNDO, es posible que los productos desnatados no contengan suficiente cantidad de estos compuestos beneficiosos -lo que explicaría que no se haya observado esta misma protección-.

Pero no parece el único mecanismo, en una revisión publicada este mismo verano en la revista American Journal of Clinical Nutrition, Arne Astrup -de la Universidad de Copenhague- señalaba que el calcio y otros ingredientes del queso, la leche o el yogur podrían tener efectos positivos en varios factores de riesgo cardiovascular, como la resistencia a la insulina, la presión arterial o incluso la obesidad -todos ellos determinantes en la aparición de la diabetes tipo 2-.

Como apunta su colega sueca, la profesora Ericson, todo indica cada vez con mayor claridad a que no se puede generalizar a la hora de hablar de las grasas de origen animal, y aquéllas que se encuentran específicamente en los productos lácteos pueden tener un papel en la prevención de ciertas enfermedades metabólicas.

 

Artículo publicado en el diario “El Mundo”

http://www.elmundo.es/salud/2014/09/16/5417327222601d39088b4575.html