Variedad de la escarola, la endivia presenta una sucesión de hojas  superpuestas apretadas de color blanco que se vuelven amarillas en las puntas. Se consume el cogollo de hojas que se que se obtiene mediante un cultivo forzado o artificial para que no les de la luz y mantengan su color blanco característico. Las hojas del segundo año de su ciclo vital, que alcanzan los 8-9 cm. de largo y 3 de diámetro, son las destinadas al consumo.

Jugosas y crujientes, se caracterizan por su sabor dulce y refrescante. Aunque se pueden encontrar todo el año por su cultivo en invernaderos, su temporada son los meses fríos. Se comienza a cosechar en invierno hasta la primavera, atándose unos días antes para que las hojas interiores sean blancas.

Hay que tener en cuenta que se conservan de cinco a siete días en el frigorífico, por lo que es recomendable comerlas lo antes posible.

“Las endivias son diuréticas y depurativas y favorecen la circulación sanguínea.”

Es conveniente desprender las hojas una a una y pasarlas pro el grifo, escurriéndolas posteriormente.

Como el resto de verduras, las endivias contienen una importante cantidad de agua, casi el 95% de sus peso. Con escaso valor nutritivo, son idóneas para dietas de adelgazamiento, 17 calorías por cada 100 gramos. Aportan fibra, vitamina B, magnesio, calcio y provitamina A (betacarotenos).

Cardiosaludables, protegen la mucosa intestinal y son bálsamo para el aparato digestivo, mejorando el tránsito intestinal. Además, son diuréticas y depurativas y favorecen la circulación sanguínea.

Se pueden preparar de múltiples maneras: cocidas, asadas o crudas. Son muy utilizadas en ensaladas, aliñadas con aceite de oliva o limón, o con salsas de yogur, queso, mahonesa, vinagreta etc. También están deliciosas con conservas de pescado, frutos secos, jamón o salsa bechamel.

 

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