El otoño es la temporada por excelencia de los frutos secos y la avellana es, sin duda, uno de los más populares. Pequeña y redondeada, su cáscara es de color canela y tiene una carne blanca-amarillenta. Hay diferentes variedades aunque la más común es la silvestre. Forma parte de la dieta mediterránea y es conocida y apreciada en todo el mundo.

La avellana madura entre agosto y septiembre, alcanzando su mayor demanda en diciembre. En España se expandió su cultivo a mediados del siglo XIX por el arranque de viñas debido a la crisis de la filoxera (parásito de la vid). Reus (Tarragona) es la zona más tradicional de cultivo de este fruto seco y cuenta con Denominación de Origen. Otra de las variedades es la andaluza, que se caracteriza por ser pequeña y compacta.

“Su aporte calórico es muy bueno para combatir el cansancio y la fatiga.”

Para su óptima conservación es recomendable evitar los lugares húmedos, guardándolas en lugares frescos y secos. Se conservan mejor con cáscara. Peladas pueden refrigerarse durante 4-5 meses.

Es muy nutritiva y su consumo proporciona 670 kcal por cada 100 g., aportando una buena dosis de energía. Se recomienda un consumo diario de 30 g al día. Su aporte calórico es muy bueno para combatir el cansancio y la fatiga, por lo que es muy buena en situaciones de esfuerzo físico, por ejemplo en la dieta de los deportistas.

Con un escaso porcentaje de agua, son una rica fuente de grasa no saturada, carbohidratos, proteínas y fibra. Además, contienen vitaminas E y B, así como varios minerales: magnesio, calcio, potasio, fósforo, hierro y zinc. Su proteína vegetal desarrolla un importante papel en el buen funcionamiento del sistema cardiovascular.

De sabor dulce y rica en aceite,tiene cualidades gastronómicas y alimenticias excepcionales para consumir a cualquier hora del día.

Es un ingrediente fundamental en múltiples platos, desde los más sencillos a los más elaborados. Se consume cruda, tostada, frita o salada. Muy utilizada en el ámbito de la restauración, se emplea en aperitivos, ensaladas, salsas, rellenos de cocina y, sobre todo, en postres: chocolates, turrones, tartas, helados y licores.

 

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