Conocida desde tiempos prehistóricos, se han hallado semillas de uva en el antiguo Egipto y en yacimientos europeos de la Edad del Bronce (2.500-1.000 a. C.). Cultivada sobre todo en el Mediterráneo, a partir del siglo XIX se extiende hacia los climas más fríos.

Hay una gran variedad de uvas que determinará su tamaño, espesor de piel y presencia o no de semillas. Desde mediados del verano hasta comienzo del invierno madura la uva, dependiendo de la variedad y la zona. Entonces se lleva a cabo su recolección, la vendimia.

Aunque es una fruta frágil, pueden aguantar en la nevera hasta 2 semanas. Cuando se compran hay que fijarse en la tersura de la piel y la ausencia de picaduras. Se sacude levemente el racimo y si caen algunos granos, es mejor coger otro menos maduro.

Es recomendable sacar las uvas de la nevera una hora antes para apreciar todo el sabor y aroma, lavándolas siempre antes de consumir. La uva de mesa, blanca o negra, es un postre inmejorable. También se utiliza en ensaladas, zumos, macedonias, licores, confitería…Sin embargo, la mayor parte de la producción de uva, una vez fermentada, se destina a la elaboración del vino (blanco, rosado y tinto) y otras bebidas (mosto, mistelas, moscatel).

Con un 80% de agua, las uva se caracteriza, sobre todo la blanca, por su gran contenido de azúcares, glucosa y fructosa, aportando hidratos de carbono y calorías. La uva negra aporta 110 calorías por cada 100 gramos y la blanca 75.

También tiene un gran aporte de minerales como el potasio y el magnesio, fósforo y calcio. Tanto la uva como su zumo, el mosto, favorecen el buen estado de las arterias y el corazón. Es rica en fibra y por su particular composición también tiene efectos diuréticos.

 

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