La remolacha es la raíz profunda, grande y carnosa de la planta del mismo nombre y pertenece a la misma familia que las acelgas y las espinacas.

Las variedades más importantes son la forrajera (de color blanco), utilizada para alimentar animales y en la producción de azúcar,  y la común o roja, que consumimos habitualmente.

Con una forma casi esférica, esta raíz alcanza un diámetro entre 5-10 centímetros y puede pesar de 80 a 200 gramos. Tiene un característico color violáceo y, en ocasiones, presenta círculos concéntricos de color blanco. Posee un alto contenido de azúcares que le proporciona un sabor dulce y la ha convertido en una importante fuente de producción de azúcar refinado.

“Contiene multitud de nutrientes y un moderado contenido calórico, ya que, tras el agua, los hidratos de carbono son el componente más abundante, lo que nos proporciona mucha energía.”

Las primeras noticias de la remolacha se remontan a la Antigüedad, se sabe que los antiguos romanos comían tanto la raíz como las hojas.

Posteriormente, y durante varios siglos, el consumo de esta planta se redujo a las hojas, mientras las raíces se empleaban para forraje de animales. Será en el siglo XVI cuando ingleses y alemanes vuelvan a introducir las raíces en la dieta. En el siglo XIX se popularizó al descubrirse que era una fuente concentrada de azúcar.

A la hora de seleccionarlas, hay que elegir aquellos manojos que posean raíces del mismo tamaño,  firmes, con la piel lisa, sin manchas ni magulladuras. El color verde intenso de las hojas indica que la raíz es joven.

Se conservan bien en el frigorífico, preferiblemente en una bolsa de plástico sin lavarlas, de tres a cinco días. No es recomendable congelarlas porque pierden su textura y se reblandecen al sacarlas.

El cultivo más importante de esta planta de ciclo bienal, se encuentra en Francia e Italia. Se encuentra todo el año en el mercado ya que en invierno tenemos las que vienen del norte, centro y levante y en verano las que proceden de Andalucía. 

Cruda se consume en ensaladas, cocida, asada o en conserva, como entremés, en sopas y en purés como guarnición, sin olvidar los zumos. También se come sola, con ajos o cebolla y aliñada con aceite y sal.

Beneficios

Contiene multitud de nutrientes y un moderado contenido calórico, ya que, tras el agua, los hidratos de carbono son el componente más abundante, lo que nos proporciona mucha energía. Son una fuente de fibra, vitaminas del grupo B y antioxidantes. También, es una hortaliza rica en minerales, como yodo, sodio y potasio.

 

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