Quién no se ha preguntado alguna vez qué es lo que se llevaría a una isla desierta. Una caja de cerillas, una navaja multiusos, un cepillo y pasta de dientes, un libro… Hay para todos los gustos. Nuestro protagonista lo tiene claro: se llevaría fruta. Y si solo pudiese echarse en el petate un tipo de fruta, elegiría, sin discusión ninguna, la manzana: «La joya de todos los alimentos». Así de categórico se muestra el doctor Antonio Escribano (1 de abril de 1950, Córdoba), especialista en Nutrición, Endocrinología y Medicina Deportiva que estrena libro: ‘Aprende a comer y a controlar tu peso’.

–En la portada de su libro sale una manzana ¿Casual no es?

–Efectivamente, no lo es. La manzana es el balón de oro de la alimentación.

–¿Por qué?

–Hay un refrán inglés que dice : «An apple a day, keep the doctor away’ (una manzana al día alejará al médico de tu casa)». La manzana lleva con nosotros desde hace miles de años y, sin embargo, no la valoramos. Tiene la proporción de azúcares, minerales y vitaminas adecuada; además de pectina, una fibra natural de mucho valor.

–¿Qué nos aporta la fibra?

–Genera movilidad intestinal, con todo lo bueno que ello conlleva. La falta de fibra ayuda a desarrollar cáncer de colon. La fruta y las verduras son los productos más ricos en fibra.

–Habla de dos de los cinco productos estrella de nuestra despensa…

–Correcto. La fruta, la verdura, los frutos secos, el agua y el aceite de oliva, conforman ‘la joyería de la alimentación’.

–Detálleme.

–La fruta y la verdura debe ser la base de nuestra alimentación. Hay que comer todos los días tres piezas de fruta y dos de verdura. Es muy importante hacer la contabilidad en la nutrición. Tres piezas de fruta al día son unas 90.000 en toda una vida; y dos de verdura, unas 60.000. También es fundamental la variedad. Hay que comer los más de cien tipos de frutas y verduras que tenemos a nuestro alcance. Cada una nos aporta algo distinto a la otra. Comer es como ser entrenador de fútbol: tenemos un once titular pero también un banquillo al que tenemos que echar mano. 

–En cuanto a los frutos secos, entiendo que se refiere a los no fritos…

–Freír un fruto seco es una falta de respeto. Le estaríamos quitando su esencia. Es como si vestimos a un jugador de fútbol de flamenco. Y, sobre todo, estamos triplicando su carga calórica.

–Habla también del agua, que algunos creen que engorda…

–Falso mito. El agua no aporta calorías por lo que no convierte en grasa su energía. Además, entra y sale. La que bebemos, es expulsada.

–¿De grifo o mineral?

–Si se vive en España, las dos son iguales de buenas y válidas.

–Le falta por explicarme lo del aceite. Muy rico, sí, pero una bomba calórica…

–Es la mejor grasa vegetal que existe en el planeta y nuestro cuerpo necesita grasa.

–Querrá decir algunas grasas…

–Sí. Me explico. Hay dos tipos de grasas, las saturadas y las insaturadas o vegetales. Las primeras son la nocivas: están muy ricas pero el organismo no las digiere bien y producen arteriosclerosis. Y dentro de éstas las peores son las trans: grasas tratadas industrialmente.

–Como cierta bollería o embutidos…

–Así es. También la mantequilla, algunos quesos, los fritos, la mahonesa, las chucherías, las salsas… Son alimentos muy comunes en nuestra mesa que hacen poco bien: un simple placer de unos segundos y muchos años de maldad para nuestro cuerpo.

–Si hablamos de productos dañinos, el alcohol es el rey.

–Sin discusión. Es nefasto, una maldición de la humanidad. No crea nada más que problemas. Ahora que está tan de moda el ‘Gin-tonic’, la gente no se da cuenta que tiene unas 450 calorías por unidad. Como si te estuvieras comiendo un bocata de chorizo.

–¿La cerveza y el vino también son tan perjudiciales?

–Con moderación, no tienen por qué dañarnos. Es el alcohol que menos engorda. Una botella de vino tinto tiene aproximadamente unas 850 calorías. Un litro de cerveza, unas 350 calorías, pero hay que sumarle el aporte calórico de la cebada, lo que le iguala con el vino.

–Y ya que hablamos de bebidas, ¿qué opinión le merecen las azucaradas?

–Muy mala. Una bebida azucarada de un litro tiene 300-350 calorías y más de 20 terrones de azúcar y eso para el organismo es un esfuerzo metabólico tremendo. Hoy en día tomamos unos 60 kilos de azúcar al año. Una barbaridad. El azúcar es el tabaco de la cocina.

–¿Y las infusiones?

–Son muy buenas. Tienen muchas propiedades digestivas, relajantes, diuréticas y medicinales y, sobre todo, no tienen calorías.

–Me acaba de decir que el abuso de azúcar es veneno. ¿Y el de la sal?

–Lo mismo. La sal y el azúcar, como dicen los chinos, son dos muertes blancas. Unos asesinos simpáticos.

–Hábleme del desayuno, la comida más importante del día.

–No debe ser pantagruélico, al estilo europeo o americano, cargado de bacón, huevos revueltos, croissants, bollería… Lo más adecuado es lo que yo llamo el desayuno extendido. Nada más levantarse, algo caliente (café, infusión, té o leche) que asiente el estómago, pan con aceite, fruta y un lácteo. A media mañana, otra pieza de fruta y un lácteo o frutos secos. Y a última hora, más fruta. Todo en moderada cantidad.

–Dice que no desayunar es un trampolín hacia la diabetes…

–Cuando el organismo se pasa mucho tiempo sin ingerir alimento alguno, en el momento en el que lo hace, como por ejemplo almorzar sin haber desayunado, se produce un mecanismo de compensación de la insulina que sobrecarga el páncreas. Esto es uno de los procesos generadores de diabetes.

–¿Conoce la leyenda que dice que la siesta engorda?

–Usted lo ha dicho. Una leyenda. Engorda lo que te has comido. Dormir después de almorzar no es un IVA que incremente lo que has ingerido, siempre y cuando no te hayas pegado una atracón y encima duermas una siesta de un par de horas.

–¿Otro bulo es el de no comer hidratos de carbono pasadas las siete de la tarde?

–Sí. Las tres moléculas de la alimentación son los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas. Los hidratos deben ser el 55-60 por ciento de nuestra ingesta diaria, las proteínas el 20-25, y las grasas el 15-20. Los hidratos de carbono son la gasolina de nuestro cuerpo. Sin ella, no andamos. Ahora, lo que no se puede hacer es comerse medio kilo de pasta, arroz, legumbres o pan para cenar.

–¿Carne blanca o roja?

–Hay que comer carne cuatro o cinco veces a la semana y una de estas ingestas debe ser de carne roja. No entiendo la mala fama que tiene hoy en día este tipo de carne. Es nuestra mayor fuente de hierro.

–¿Pescado blanco o azul?

–El pescado debe comerse seis veces a la semana y en dos ocasiones que sea azul. Salmón, atún, boquerones, caballas, sardinas… El pescado azul tiene Omega 3 y grasas insaturadas que son magníficas para el sistema nervioso. Además, está demostrado que disminuye los problemas cardiovasculares. Y, por si fuera poco, también contiene triptófano, que ayuda a conciliar el sueño.

–¿Cuánto influye la alimentación en nuestro sueño?

–Muchísimo. Cuando se cena bastante y tarde se duerme muy mal. Hay que hacerlo ligero y tres horas antes de irte a la cama. El proceso digestivo no interacciona bien con el sueño.

–Tampoco la digestión se lleva bien con el picante…

–Es un irritante del sistema digestivo muy adictivo que, encima, disimula los sabores. Comas lo que comas, si le echas picante, aunque estés almorzando una merluza del Cantábrico o un cochinillo de Segovia, sabrá a picante. Es como pintar un Ferrari de color rosa. Incomprensible.

–El chocolate, ¿negro o con leche?

Siempre negro para que no pierda sus propiedades y, por supuesto, en pequeña cantidad: diez o quince gramos al día. Un par de onzas, no más.

–¿Masticar es tan importante como comer sano?

Sí. Cada bocado debe ser masticado entre 25 y 40 veces, dependiendo del alimento, para no meter gases en nuestro cuerpo, para ayudar a la digestión y para disminuir el apetito. Cuando se mastica correctamente, se ingiere mejor, se come menos y se saborea más.

 

Fuente: Diario “Las Provincias”
Rubén Cañizares

Fotografía: A. Ferreras

http://www.lasprovincias.es/sociedad/salud/vida-sana/201502/19/manzana-balon-nutricion-20150218212013-rc.html