Un equipo de investigadores alemanes estudió cómo impacta el diseño exterior de un producto sobre las elecciones que hacen los niños al comer. Aseguran que los resultados podrían ayudar a fomentar la nutrición sana entre los más pequeños.

Personajes de dibujos animados, películas, mascotas creadas para las marcas, calcomanías y figuritas son algunas de las estrategias que utiliza la industria alimenticia para atraer el interés de los más pequeños de la casa. El resultado se puede ver en las góndolas, cuando los padres tironean de bolsas de papas fritas, palitos y otros snacks poco saludables con sus hijos, que en caso de no lograr su cometido convierten el resto de la visita al supermercado en una pesadilla.

La buena noticia es que si el empaquetado tiene un diseño atractivo, los niños de la escuela primaria también eligen los alimentos saludables, según lo reveló un estudio realizado por el Instituto de Investigación para la Nutrición Infantil de Dortmund, bajo la dirección de científicos de la Universidad de Bonn, ambas instituciones en Alemania.

“La buena noticia es que si el empaquetado tiene un diseño atractivo, los niños de la escuela primaria también eligen los alimentos saludables.”

“La industria alimenticia tiene mucha experiencia en el uso de los efectos del marketing para aumentar las ventas entre los niños”, afirma el profesor Bernd Weber, del Centro para la Economía y Neurociencia de la Universidad de Bonn (CENs) y autor principal del estudio.

Sin embargo, el experto advierte que, en comparación, “hay muy pocos conocimientos sobre cómo tales efectos del marketing pueden utilizarse para promover mejor los alimentos saludables entre los pequeños”.

Esta última cuestión fue el eje de un estudio realizado por Weber junto a sus colegas del CENs y la doctora Mathilde Kersting, del Instituto de Investigación para la Nutrición Infantil de Dortmund (FKE, por sus siglas en alemán).

Los resultados que obtuvieron se publicaron la semana última en la edición online de la revista “Frontiers in Psychology”.

MISMO PRODUCTO, DISTINTO PAQUETE

En el estudio participaron 179 niños y niñas de escuelas primarias de Dortmund, de entre 8 y 10 años de edad, a los que se les pidió que eligieran entre tres yogures, tres frutas, y tres cereales idénticos, que cubrían los requisitos nutricionales según las guías del FKE.

La única diferencia entre los tres productos fue el diseño de los empaquetados: el primero fue un empaquetado estándar liso, el segundo describía información adicional para la salud, y el tercero incluía personajes de dibujos animados y un nombre de producto atractivo, este último fue probablemente el más tentador para los niños, en comparación con los otros dos diseños.

Con el objetivo de determinar cuán grande era la motivación de los estudiantes de primaria para recibir una determinada colación de entre las tres opciones, los investigadores utilizaron un dispositivo especial que midió la fuerza de la mano con la que el niño agarró el producto.

“Mediante el uso de este dinamómetro de mano pudimos determinar el esfuerzo que los niños estaban dispuestos a hacer para recibir el producto respectivo”, explica Laura Enax, una de las autoras del estudio, del equipo de Weber.

Además, a los niños se les permitió probar los distintos productos en sus diferentes versiones de empaquetado.

EFECTO PLACEBO

Los resultados mostraron que la motivación de los niños fue mayor ante la colación cuyo empaquetado tenía personajes de dibujos animados. Las mediciones con el dinamómetro revelaron que los chicos hicieron un esfuerzo significativamente mayor para recibir la colación orientada a los niños.
Asimismo, en la prueba de degustación, la colación con los personajes divertidos de dibujos animados obtuvieron una mejor puntuación.

El empaquetado estándar junto con el empaquetado atractivo para la salud fueron mucho menos escogidos por los niños.

“Tanto los resultados de la encuesta como los de las mediciones de la fuerza de agarre ayudaron a explicar la posterior elección del producto. Esto indica que preguntarles a los niños por sus preferencias no fue suficiente por sí solo para explicar las elecciones que hicieron”, indica la investigadora.

“Este es un clásico efecto placebo del marketing”, subraya Weber. Al igual que sucede con los medicamentos placebo, se atribuyen a ciertos productos efectos que no están justificados por sus ingredientes.

En el estudio, cada bote contenía el mismo yogur y los mismos cereales frutales, sin embargo, los estudiantes de primaria creyeron que podían distinguir diferencias en el sabor de la colación según su empaquetado.

LISTO PARA USAR

“Los empaquetados de alimentos con diseños atractivos pueden tentar a los niños a elegir opciones nocivas para la salud. No obstante, este tipo de efectos de marketing también pueden utilizarse para promover los alimentos saludables entre los niños”, enfatiza Kersting.

En ese sentido, los investigadores apuntan que el método desarrollado en el estudio puede utilizarse, por ejemplo, para investigar cómo se puede aumentar el atractivo de la leche o de los sándwiches de pan integral.

Según adelantan, los científicos ahora quieren averiguar en estudios adicionales si particularmente los niños con un sobrepeso significativo son receptivos a los efectos placebo del marketing en los empaquetados.

OCHO A 12 INTENTOS

Otro desafío en términos de nutrición infantil es lograr que los niños coman suficientes frutas y verduras. Se estima que más del 90% de los chicos no cubre en su dieta habitual las cantidades recomendadas de estos alimentos y la tendencia generalmente se mantiene en la adolescencia y la adultez.

“Al parecer, muchos niños necesitan probar un alimento nuevo de ocho a 12 veces para aprender a que les guste, mientras que en general los padres se dan por vencidos luego de tres a cinco intentos si el niño rechaza el alimento.”

Los motivos detrás de esta problemática fueron debatidos en marzo último por un panel de expertos durante una sesión de la Sociedad Americana de Nutrición.

“En las investigaciones que se han realizado hasta la fecha, la exposición repetida ha demostrado tener el mayor impacto en el aumento de la aceptación de verduras en los niños pequeños”, expresa la doctora Susan Johnson, profesora de Pediatría y directora del Laboratorio de Alimentación Infantil de la Universidad de Colorado-Denver, en Estados Unidos.

“Al parecer, muchos niños necesitan probar un alimento nuevo de ocho a 12 veces para aprender a que les guste, mientras que en general los padres se dan por vencidos luego de tres a cinco intentos si el niño rechaza el alimento. Lo cierto es que para que los chicos coman verduras, los padres tienen que ofrecérselas de manera regular y persistente”, añade la especialista.

Las distintas presentaciones que se hicieron durante el simposio coincidieron en que los niños pequeños no cubren las cantidades recomendadas de ingesta de verduras y papas y que se debe fomentar el consumo de todo tipo de verduras.

Los expertos destacan que las papas blancas, con o sin piel e independientemente de cómo se las cocine, son una fuente importante de nutrientes en déficit -incluyendo potasio (760 mg. en una papa pequeña al horno con piel) y fibra (3,2 gr.)- y son bien aceptadas por los niños. Por ello, enfatizaron que pueden representar una estrategia importante a la hora de que los niños coman más verduras.

 

Fuente: diario La Prensa

Agustina Sucri

http://www.laprensa.com.ar/435278-La-alimentacion-saludable-depende-del-empaquetado.note.aspx