La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) advierte de que la alimentación y la nutrición contribuyen a aumentar la calidad de vida de los mayores, así como a prevenir y tratar numerosas enfermedades.

“La vejez es una etapa de la vida donde se producen alteraciones estructurales y funcionales en los diversos tejidos del organismo. La esperanza de vida en la población humana está aumentando considerablemente en nuestra sociedad, y por ello, y para gozar mejor de esta etapa de la vida, debemos aprender a disfrutar del placer de una alimentación sana“, advierte en su ‘Guía de alimentación saludable’.

Por ello, argumenta que mantener una buena alimentación en el envejecimiento es fundamental porque en esta fase de la vida se producen alteraciones funcionales, por ejemplo, en nuestro aparato digestivo, que pueden llevarnos a un estado de desnutrición: “Disminuyen nuestras papilas gustativas y la capacidad olfativa. Disminuye la producción de saliva.

El tránsito de los alimentos por el esófago se hace más lento. Hay una menor secreción de ácido en el estómago, lo cual afecta la digestión de los alimentos que comemos. Es muy frecuente la intolerancia a la lactosa, lo que limita el consumo de algunos lácteos. Se altera nuestra capacidad de masticación, lo que afecta al consumo de alimentos como las carnes”.

Así, describe que la mejor forma de alimentación a partir de los 70 años, teniendo en cuenta que en esta franja de edad se consume una menor cantidad de energía que en el resto de la población, debe primar y aumentar determinados nutrientes que son fundamentales como por ejemplo el calcio y la vitamina D.

“En la vejez el tránsito de los alimentos por el esófago se hace más lento. Hay una menor secreción de ácido en el estómago, lo cual afecta la digestión de los alimentos que comemos.”

“Una persona mayor puede y debe comer una gran variedad de alimentos, cuidando las grasas saturadas, la sal y el alcohol, y si existen problemas de masticación, la consistencia de algunos alimentos. El calcio, la vitamina D, la fibra y las grasas saludables (del pescado y del aceite de oliva) son algunos de los nutrientes que no deben faltar en la dieta de los ancianos”, añade la SENC.

A su juicio, es también indispensable una actividad física regular para prevenir el sobrepeso, la osteoporosis, y para mejorar la capacidad cardiorrespiratoria. Además, aconseja pasear al aire libre, para sintetizar también la vitamina D gracias a la acción de los rayos ultravioletas. Ve conveniente consultar al médico sobre la necesidad de consumir suplementos vitamínicos, como por ejemplo la vitamina B12, o los folatos.

Consejos para la dieta de los más mayores

En este sentido, Patricia Yárnoz Esquiróz, dietista-nutricionista del área de Nutrición Hospitalaria de la Clínica Universidad de Navarra defiende también que es muy importante atender la alimentación de la población anciana porque ésta constituye uno de los grupos de población de mayor fragilidad en la sociedad, siendo muy prevalente la presencia de desnutrición.

Según explica, en las personas mayores, este desequilibrio suele producirse como consecuencia de un consumo de alimentos insuficiente, así como por la presencia de dificultades para alimentarse y de factores psicosociales que influyen disminuyendo la ingesta de alimentos.

Esto se transforma en una pérdida de peso involuntaria que, junto a otros factores característicos de este grupo poblacional (el aumento de la edad, la institucionalización y la polimedicación, por ejemplo), producen consecuencias con un impacto muy negativo en la calidad de vida de las personas mayores y en un aumento de la morbi-mortalidad: pérdida de masa ósea y grasa, sarcopenia y pérdida de fuerza muscular (con el consecuente aumento del riesgo de caídas y fracturas), neumonía, edemas, hepatomegalia, diarrea, alteración de la función inmune y aumento del riesgo de intoxicación farmacológica, entre otros”, advierte la especialista de la CUN.

La dieta más adecuada

Por ello, resalta que la dieta “más adecuada” para este grupo de personas es aquella que permita mantener o alcanzar un buen estado de salud, cubriendo las necesidades energéticas e hídricas del organismo.

Asimismo, precisa que los alimentos que no deben faltar en la alimentación de las personas mayores por su alto contenido en agua (mejorando la hidratación) y fibra (mejorando el estreñimiento) son las frutas, las legumbres y las verduras; así como los alimentos proteicos de alto valor nutricional, como los huevos o los lácteos (aporte de calcio y vitamina D para fortalecer huesos y prevenir fracturas).

En su opinión, en caso de necesitar un aporte extra de energía, sería imprescindible incluir en la dieta alimentos con alto aporte calórico que permitan enriquecer la dieta como aceite de oliva, o frutos secos, por ejemplo, y sin aumentar el volumen de la misma.

“Un número insuficiente de comidas a lo largo del día, debido principalmente a la falta de apetito, suele ser el punto de partida de las personas mayores hacia la desnutrición. La recomendación para personas con poco apetito es realizar 5 tomas, incluso 6 completando el día con una recena, para no presentar sensación de plenitud y favorecer el consumo del máximo grupo de alimentos posible“, recomienda Yárnoz.

Igualmente, ve conveniente la confección de menús semanales en esta franja de edad, la realización de platos saludables que sean atractivos en cuanto a sabor, olor o aspecto, así como en la innovación para evitar el cansancio de comer durante años los mismos platos. La dietista-nutricionista de la CUN aconseja a su vez atender al cuidado de la cavidad oral, y mantener una buena higiene, para una mejor conservación de los dientes.

Evitar el sedentarismo y mantenerse activo mediante paseos, o viajes lo ve también recomendable, ya que estimula el apetito y considera que favorece una ingesta adecuada, además de favorecer el mantenimiento o desarrollo de masa muscular.

Fuente: econoticias.com

Fotografía: econoticias.com

 

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