Es muy común la confusión entre paté y foie-gras. Aunque llevan ingredientes comunes, se diferencian en la composición y el proceso de elaboración.

El foie-gras, nombre francés que significa literalmente “hígado graso”, se fabrica solamente con hígado de ganso, oca o pato. Se trata de un hígado hipertrofiado por la excesiva alimentación durante un periodo de no más de dos semanas.

Su textura es muy agradable, de consistencia mantecosa, y un gusto suave por la gran calidad de las materias primas empleadas y la lenta cocción utilizada en su preparación. En estado fresco debe tener un consistencia compacta, brillante y un color rosáceo.

El foie-gras de pato es el más conocido de todos y hay diferentes formas de degustarlo: a la sartén, en barra, en tarrina o en conserva. El foie-gras, delicia gastronómica, se recomienda sacarlo de la nevera unos diez minutos antes de servirlo, se sirven con panecillos tostados, tostadas o panes de frutas, pasas o higos para degustar en aperitivos, entremeses y canapés.

El paté contiene ingredientes, condimentos y aditivos diferentes al foie-gras. Aunque el hígado es uno de los ingredientes, no siempre el más abundante, se mezcla con carne de otros animales (sobre todo cerdo), harinas, leche, especias, etc. que ayudan a lograr la consistencia buscada.

Aunque se conoce como paté, el nombre correcto es “pasta” o “paté de hígado”, seguido del nombre del animal del que procede (los más comunes son de hígado de cerdo o de pato). Es más consumido que el foie-gras por tener un precio más asequible.

Nutricionalmente

Ambos son alimentos muy calóricos, aunque el foie-gras, al ser muy graso, tiene el doble de calorías y hierro que el paté. Ambos tienen un elevado contenido en grasas saturadas, colesterol y sodio. Por tanto, es recomendable un consumo moderado.

 

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