Con cierta frecuencia se publican datos e informaciones sobre la conveniencia de poner tasas e incrementar impuestos a aquellos alimentos y bebidas considerados “poco saludables”. El objetivo principal sería dificultar el acceso de la población a estos alimentos y, por consiguiente, mejorar su salud.

La demostración de este supuesto efecto no se ha conseguido hasta el momento. En España, ya tenemos varios ejemplos de impuestos locales que se han implantado en esta misma línea. Para conocer la opinión de la industria alimentaria al respecto, entrevistamos a  Mª del Hoyo Solórzano, directora de la Asociación Multisectorial de Empresas de Alimentación y Bebidas.


 

– SEDCA. ¿Cree que son eficaces los impuestos como herramienta para cambiar los patrones de consumo de alimentos y bebidas?

Mª Hoyo Solórzano. Un gran número de estudios científicos demuestra que las medidas fiscales son ineficaces contra la obesidad y no contribuyen a promover dietas saludables.

Países como Italia o Dinamarca han dado marcha atrás en su propuesta de gravar las bebidas refrescantes o han eliminado el impuesto que venían aplicando a las grasas saturadas, archivando sus planes para imponer un impuesto sobre el azúcar, respectivamente, una vez han reconocido el escaso efecto que causan en el comportamiento de los consumidores.
La ciencia confirma que el problema de la obesidad y el sobrepeso no está en los alimentos y bebidas per se, sino en las dietas como conjunto, recordando que éstas forman parte del estilo de vida. Opinión que compartimos plenamente desde la Asociación Multisectorial de Empresas de Alimentación y Bebidas (AME) y desde la Fundación Alimentum, en tanto que, como reconoce la comunidad científica, la obesidad tiene un comportamiento multifactorial y complejo.
Gravar determinados alimentos o bebidas con impuestos podría tener consecuencias perversas: llevar a la sociedad a dejar de comer productos menos calóricos para poder permitirse los más calóricos gravados con impuestos o a buscar productos sustitutivos más baratos. Se trata de una medida indiscriminada y socialmente regresiva, que recae sobre obesos, sobre anoréxicos y sobre personas con estilos de vida saludable y que penaliza a la población con menos recursos.
– Ante la deriva impositiva que están tomando algunas Comunidades Autónomas en España, ¿cree que la salud del consumidor es el verdadero objeto de esas medidas fiscales o se trata de simples excusas recaudatorias?
Para la industria de alimentación y bebidas la decisión de crear impuestos para gravar el consumo de determinados alimentos, por más que se argumenten razones de salud pública, tiene exclusivamente como objetivo añadir nuevas cargas impositivas a los ciudadanos a través de un sector fundamental para la sociedad.
Es evidente que ninguno de estos impuestos se ha establecido sobre la base de criterios científicos, por lo que la percepción del sector es que se trata de una forma de obtener recursos presupuestarios evitando el necesario ajuste del gasto público.
Asimismo, la experiencia en otros países europeos ha demostrado la dificultad de medición del impacto y de análisis de la eficacia real de estas medidas fiscales en la salud de la población y la dificultad de medición del impacto en la recaudación, que dependerá de la elasticidad de la demanda del producto gravado.
Desde AME y desde la Fundación Alimentum defendemos que toda la sociedad y todos los sectores económicos deben asumir por igual y sin discriminación cualquier subida de la fiscalidad, sometiendo cualquier incremento impositivo a estrictos criterios de linealidad.
– ¿Qué efecto provocaría en su sector y en la economía española una medida fiscal de este tipo?
En el momento de crisis actual, tendría graves efectos negativos sobre el consumo en un sector de productos básicos de consumo, entorpeciendo la ya débil actividad productiva y afectando también a la competitividad del país. Supondría un freno en seco a la recuperación del país y fomentaría el desempleo e incluso la deslocalización empresarial.
Dicha medida generaría, además, desventajas competitivas, competencia artificial entre categorías de productos, desincentivos a la inversión y altos costes de implantación, gestión y control. Se estaría castigando especialmente a las rentas sociales menos favorecidas (precisamente aquellas que algunos consideran son las más afectadas por la obesidad), encareciendo productos básicos, rompiendo la unidad de mercado y discriminando al consumidor en función del territorio.
– En su opinión, ¿qué requiere un estilo de vida para ser saludable?
Un estilo de vida saludable pivota alrededor de dos ejes principales: una alimentación variada, equilibrada y moderada y la práctica regular de actividad física.
Para ser saludable un estilo de vida requiere de la formación e información adecuada al ciudadano así como de la práctica regular de actividad física como complemento imprescindible, sin olvidar que, la genética y el medioambiente también condicionan nuestra salud.
Los alimentos y las bebidas aportan al ser humano los nutrientes esenciales y todos deben tener cabida en nuestra dieta siempre que nuestra alimentación sea variada, equilibrada y moderada y equilibremos la ingesta y el gasto calórico con la práctica regular de actividad física, eje se hace especialmente importante ante la tendencia actual hacia el ocio sedentario y la sedentarización social que está provocando.
– ¿Cómo han contribuido desde su sector a la mejora de la alimentación y a la disminución de problemas de salud pública como la obesidad?
Desde hace años, la industria de alimentación y bebidas está haciendo esfuerzos extraordinarios a través de iniciativas de colaboración con las autoridades sanitarias y otros agentes por contribuir a la mejora de la calidad de vida, la salud y el bienestar de la población.
El sector de alimentación y bebidas ha emprendido numerosas campañas de concienciación y promoción de hábitos de vida saludables y ha adquirido compromisos de autorregulación en varios ámbitos: en materia de Reformulación, la industria alimentaria se ha implicado activamente en iniciativas de mejora de la composición de alimentos y reducción de sal, azúcares y grasas; en materia de Innovación, que supone un reto constante para aumentar y optimizar la oferta al consumidor; la industria ha tomado conciencia del importante papel que juega en la Formación y en la Información del consumidor (ej.: la implantación de forma voluntaria del sistema de etiquetado nutricional basado en cantidades diarias orientativas, que proporciona información clara y comprensible al consumidor acerca de la cantidad de energía y nutrientes que aporta una ración del alimento, comparándola con el aporte que necesitamos en un día).
En materia de Marketing y Publicidad responsables, el pasado 26 de diciembre la industria de alimentación y bebidas firmaba la renovación del Código de autorregulación la publicidad de alimentos y bebidas dirigida al público infantil (Código PAOS) comprometiéndose así a adaptar de forma voluntaria sus campañas de marketing y mensajes publicitarios para respetar las normas deontológicas, especialmente cuando estos van dirigidos al público infantil, y a extender voluntariamente la obligación a Internet; etc.
Desde la Fundación Alimentum hemos lanzado recientemente una campaña de comunicación en medio televisivo, el Plan HAVISA, que se concretará en dar visibilidad en los anuncios publicitarios de las empresas a una serie de mensajes consensuados con la AESAN dirigidos a la promoción de hábitos de vida saludables en la población española, en consonancia con la estrategia NAOS.