La doctora Rosa Calvo, del servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario la Paz, de Madrid, habla de la prevención de los trastornos alimentarios, y su abordaje desde el punto de vista psicológico.

¿Qué pueden hacer los padres para prevenir que sus hijos puedan llegar a desarrollar un trastorno del comportamiento alimentario (TCA)?

Lo primero sería que los padres observasen cómo son sus hábitos alimentarios, y si la comida ocupa una posición correcta en su familia; es decir, que sirve para alimentarse, o para relacionarse en momentos puntuales, pero que no se usa para solventar, sin darnos cuenta, problemas emocionales. Lo segundo que ayudaría en la prevención es una cierta organización, no algo muy rígido, pero que la comida esté organizada: que esté preparada a sus horas, que todos se sienten a comer al menos una vez al día como una familia…, algo así como volver a aquellos tiempos en los que comer en familia era lo habitual. Algo también muy importante, desde el punto de vista psicológico, es la flexibilidad. Lo que más previene frente al trastorno alimentario es la capacidad de ser flexible cognitivamente; es decir, de ponernos en el lugar del otro, de entender la vida de muchas formas, y no solo de la que nosotros creemos que es la verdadera o la buena, sino ser capaces de colocarnos en las posiciones de los demás, para comprender cómo ven ellos su realidad.

Y finalmente es muy importante asumir que tenemos emociones, que son positivas y negativas, y que las emociones nos proporcionan conocimiento y sabiduría, y nos dicen cosas sobre nosotros que nos guían muchas veces en lo que tenemos que cambiar o manejar. Digo esto porque habitualmente las pacientes tienen eliminado el reconocimiento emocional, y lo poco que tienen de reconocimiento de emociones negativas las niegan o las procesan mal. La mayoría de la gente no tiene costumbre de sentir en negativo y no sabe cómo procesar lo negativo; y lo que hay que hacer primero es escuchar lo que te dice esa negatividad, y después procesarla. La gente cree que tiene que estar todo el tiempo en positivo, pero eso es un desequilibrio, y lo que hay que hacer es entender lo negativo. No podemos eliminar los detritus, pero podemos usarlos para abonar la tierra. Nuestra sociedad ha eliminado la emoción negativa, y la comida sirve muchas veces –tanto la restricción alimentaria como el atracón– para anular el sentir.

Las personas con trastornos alimentarios normalmente no lo admiten. En ese caso, ¿cómo pueden ayudar los padres a sus hijos para que reconozcan que tienen un problema y accedan a seguir un tratamiento?

Eso en realidad es un mito. La mayoría de las pacientes sí admiten que tienen el problema. De todas formas, en las pacientes más resistentes yo aconsejo a los padres que pidan una consulta de opinión con un profesional, donde las dos partes expresen posiciones, y que sea alguien neutro el que determine la situación. Aunque sí es necesario que la persona a la que se le insta a ponerse en tratamiento tenga una cierta capacidad de decisión y de opinión en lo que le está pasando, y que no sea todo una imposición, porque estas cosas cuando se hacen bajo el control de otros, aunque aparentemente consiguen resultados inmediatos, luego es una catástrofe, y pueden derivar la enfermedad a una posición de cronicidad.

La ortorexia es un trastorno de la conducta alimentaria que consiste en que el afectado come únicamente alimentos que considera saludables. ¿Cuándo podemos considerar que los buenos hábitos alimenticios se están convirtiendo en una obsesión?

No es lo mismo comer pan que comer corn flakes o cereales de desayuno porque la sensación es gustativa, de tacto, y eso tiene también una importancia fundamental. Por eso, necesitamos comer de todo, de una manera equilibrada. Y comer en un momento patatas fritas es una parte divertida de la vida, y hay que hacerla, y comer una gominola también. Otra cosa es si la gominola te sirve para tapar tu sufrimiento porque ser ríen de ti o sientes que los demás te rechazan, y no sabes cómo manejarte y te encuentras en una posición de exclusión social. En ese caso la comida estaría desempeñando una función de droga, de ocultación de un sufrimiento.

Otro ejemplo es la grasa, que es esencial, por ejemplo en la mujer, para que funcione bien todo su aparato reproductor. La grasa tiene también una función protectora para los huesos, etcétera, y no se puede eliminar de la dieta, solo hay que tomarla en una proporción adecuada. Por lo tanto, no se puede hacer ningún alimento prohibido, sino que su consumo debe ser proporcional, y también hay que vigilar que no nos esté sirviendo para evitar enfrentarnos a las dificultades que tenemos en la vida, porque ese sería el trastorno: usarlo para evitar las dificultades.

Según su experiencia, en los últimos diez años, ¿se ha incrementado, o se ha reducido la incidencia de los trastornos alimentarios?

Yo diría que a nivel de lo que es un trastorno típico anoréxico de restricción absoluta, sigue habiendo los mismos o incluso menos; los que sí se han incrementado son los atracones. Porque ser anoréxico es muy difícil en una cultura de deseo y acción como la nuestra, en la que queremos algo e instantáneamente lo tenemos. Por eso ahora hay muchísima más patología del tipo de atracón: bulimia nerviosa, trastorno por atracón, síndrome del comedor nocturno, etcétera. También hay gente que hace dietas restrictivas por la idea del cuerpo delgado, y la sensación de poder que da el creer que controlas algo aunque no sea así, porque la comida no se controla, y es cuestión de tiempo que te descontroles y se destruyan tu vida y tu salud; es una batalla perdida contra la naturaleza y nosotros siempre estamos en posición de perder.

La Asociación Protégeles ha creado una página web en la que simulan ser pro-anorexia para captar la atención de los menores que navegan por Internet buscando consejos para adelgazar, y desvelarles las mentiras que encierran otras páginas como Ana y Mia. ¿Cree que este tipo de estrategias pueden resultar efectivas a la hora de prevenir estos trastornos?

Sinceramente no tengo criterio sobre esas páginas de Internet, pero a mí no me gusta nada que sea manipulado. Mi posición personal es que yo prefiero confrontar con las verdades aunque pierda al paciente. Si el paciente quiere venir tiene que ser confiando totalmente en mí, pero utilizar mecanismos por los cuales yo le pongo un señuelo…, a mí ideológicamente me rechina. Si hay gente que ha demostrado que eso sirve, yo sinceramente sería incapaz de hacerlo.

¿Cuál o cuáles son los tratamientos que han demostrado resultar más efectivos en el caso de los trastornos alimentarios?

Una integración de técnicas y de conceptos. Lo primero es el concepto de capacitación; es decir, ayudar a pacientes y familiares a que tengan una información del significado, no de los síntomas y la patología, sino del significado del trastorno para que, a través de esa información, puedan tomar una serie de decisiones que les permitan reorientar la manera de afrontar su vida y les lleven progresivamente hacia la salida del problema. Yo siempre les digo que el concepto fundamental del tratamiento es colocar la comida en su sitio, física y psíquicamente; es decir, ordenar la comida nutricionalmente y, luego, desde el punto de vista psicológico, entender que la búsqueda de esa seguridad no puede ser a través del cuerpo ni la comida, sino que tiene que ser mediante el desarrollo integral como personas, y ayudar a que todas esas facetas personales se realicen.

Es fundamental también que la familia y el paciente colaboren en el tratamiento, y  mantengan el compromiso de salir en la búsqueda de lo que quieren, que es sentirse bien, pero sin la manipulación de la comida. Hay muchas técnicas que ayudan, como las de aceptación y compromiso y manejo emocional, pero también hace falta toda la parte nutricional y, conductualmente, proporcionarles una guía que coloque la comida en su sitio, etcétera. El tratamiento es psicológico y nutricional; no se debe seguir ninguna de estas terapias por separado, porque eso es cojo y al final no sale bien.

Entrevista realizada por Eva Salabert

Fuente: webconsultas.com