El gallo pertenece a la familia de los peces planos, que se caracterizan por tener los ojos en el lado izquierdo del cuerpo. Se pesca en el Atlántico Nororiental, en el caladero del Gran Sol del mar del Norte, y en el Mediterráneo Occidental. Se encuentra habitualmente en profundidades no superiores a los 400 metros, aunque puede encontrarse incluso a 800 metros.

Se le llama bruixa en Baleares y Cataluña, ojito en Cantabria, rapante en Galicia y en el País Vasco, itxas oillarra

Se caracteriza por su carne blanca, blanda y gustosa, sin apenas espinas, lo que le hace muy recomendable para los niños, por su sabor y textura, y para personas convalecientes.

Aunque se puede encontrar durante todo el año en los mercados, su mejor temporada es en primavera, marzo, abril.

A la hora de comprarlo hay que elegir los ejemplares con la carne firme y color rojizo en las agallas. En la nevera debe guardarse en la parte más fría durante dos días como máximo y en el congelador puede conservar sus propiedades hasta un mes.

Es un pescado muy versátil, se puede preparar de múltiples formas: a la plancha, asado, guisado, gratinado al horno…

Habitual de la dieta mediterránea, su carne es muy recomendable porque presenta poca grasa (apenas un 2%), lo que le hace fácil de digerir, y un alto valor proteínico. Es rico en vitaminas B6 (pirodoxina), importante en la producción de anticuerpos y glóbulos rojos y B9 (ácido fólico).

Además de sodio, el gallo es rico en minerales como el fósforo, potasio, magnesio y yodo.

 

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