La intolerancia a la lactosa produce síntomas como dolor e hinchazón abdominal, diarrea, flatulencias, retortijones, vómitos o náuseas. Suelen aparecer entre treinta minutos y dos horas después de haber ingerido alimentos que contengan lactosa, y desaparecen entre tres y seis horas más tarde.

“La lactosa es el azúcar que contiene la leche aunque también está presente en una gran cantidad de productos de consumo diario y en muchos medicamentos”, explica Eduardo González Zorzano, asesor médico de Laboratorios Cinfa. “La intolerancia surge cuando el organismo no produce suficiente cantidad de lactasa, que es la enzima responsable de descomponer la lactosa en otros azúcares más simples y sencillos de absorber por el intestino”.

La solución más sencilla, que es eliminar el consumo de leche, no suele ser siempre la mejor. “Los lácteos constituyen una importante fuente de calcio, necesario para la salud los huesos, y también de algunas vitaminas, proteínas y ácidos grasos que facilitan el crecimiento en niños y adolescentes”, dice el doctor González Zorzano. “Si la intolerancia no es muy fuerte, puede no ser conveniente eliminar del todo los lácteos. Y en caso de tener que hacerlo, para evitar el déficit de esos nutrientes, es imprescindible enriquecer la dieta con otros alimentos ricos en calcio y otros nutrientes”.

Las recomendaciones del experto ante un caso de intolerancia son:

1. Evitar el autodiagnóstico, pues la casuística de esta enfermedad es variada y personal.

2. Conocer qué alimentos incorporan lactosa: está presente en la leche y en otros productos industriales elaborados, como salchichas, patés, margarinas, helados, salsas, algunos fiambres y embutidos, cereales enriquecidos, sopas instantáneas y comidas preparadas.

3. Aprender a leer las etiquetas de los envasados: son una guía muy útil para comprobar si un alimento lleva o no lactosa, sobre todo en advertencias como la que índice que “puede contener trazas de leche”.

4. No dejar de consumir lácteos sin consultar previamente al médico o farmacéutico: la falta de leche en la dieta puede producir falta de calcio, vitamina D, rivoflavina y proteínas.

5. Conocer los lácteos sin lactosa: existen marcas de leche comercializan gamas de productos

sin lactosa, que pueden hacer más llevadera la necesidad de excluir parcial o completamente los lácteos de una dieta.

6. Enriquecer la dieta con otros alimentos ricos en calcio, vitamina D, rivoflavina y proteínas: están presentes en verduras como las espinacas, la acelga o el brócoli; legumbres como las judías blancas, las lentejas y los garbanzos; la yema de huevo; pescados como la sardina, el salmón y el lenguado; las gambas y todos los frutos secos –excepto la castaña- constituyen excelentes fuentes naturales de los nutrientes que contienen los lácteos.

7. Experimentar en la cocina: buscar recetas libres de lactosa que puedan prepararse en casa.

8. Prestar atención a los medicamentos: alrededor del 20% de los medicamentos contienen lactosa como excipiente, por lo que debe valorarse y ser tenido en cuenta.

9. Sí a los baños de sol: favorece la absorción de la vitamina D, lo que ayuda a compensar el aporte de los lácteos.

10. Apoyarse en complementos nutricionales de lactasa: existen cápsulas o tabletas masticables de lactasa para facilitar la digestión en personas intolerantes a la lactosa. Su uso permite una ingesta de productos con lactosa prácticamente sin restricción. Usar siempre bajo prescripción del médico.

http://www.elcorreo.com/salud/vida-sana/20140226/diez-claves-para-afrontar-201402261544-rc.html