Con el recién cambio estacional y la vuelta a la rutina, tras el periodo vacacional, los cambios alimenticios son una parte más de este proceso de adaptación que, cada año, repite la amplia mayoría de la sociedad.

La bajada de temperaturas supone uno de los principales condicionantes tanto a la hora de elegir los alimentos que se ingieren como la actividad física que realizamos.

«A pesar de que el verano es una época donde la dieta se ve incrementada en hidratos de carbono de absorción rápida y grasas, lo cierto que es que existe mayor gasto calórico asociado a actividades como ir a la piscina o montar en bicicleta, por ejemplo», relata el doctor Luis Cuéllar, jefe del Servicios de Endocrinología del Hospital Río Hortega, en Valladolid.

“La bajada de las temperaturas predispone a una merma de las defensas, que se puede combatir con una buena alimentación.”

Por el contrario, la llegada del otoño viene marcada por dos condicionantes importantes. Por un lado, el descenso de temperaturas «que no estimula a practicar ejercicio», y, a su vez, «una bajada de las defensas a nivel orgánico que deriva en enfermedades de enfriamiento, como gripes o catarros», explica el doctor.

En este sentido, la nueva temporada proporciona a la sociedad mayor posibilidad de «seguir una dieta estructurada y equilibrada en cuanto a principios inmediatos, además de menos monótona que la que solemos realizar en el verano», asegura este experto en nutrición.

La principal recomendación del doctor Cuéllar a la hora de elegir qué vamos a comer de ahora en adelante es «aprovechar los productos de la época, que normalmente nos van a proporcionar aquello que necesitamos para hacer frente a la llegada del invierno, y que favorecerán que nuestras defensas están preparadas para el frío más intenso».

En este sentido, dentro de la familia de las frutas recuerda la ingesta de higos, «ricos en hierro y calcio», así como las uvas «con importantes propiedades cardiosaludables gracias a los flavonoides, y antitumorales del resveratrol».

Castañas y frutos secos

Como fuente importante de fibra, fósforo y antioxidantes se encuentran los frutos secos, «especialmente la castaña tan típica de las épocas de frío», comenta Cuéllar.

Igualmente los cítricos de temporada, como mandarinas o naranjas, representan una fuente fundamental de vitamina C, «además de añadir a la dieta verduras y hortalizas como la calabaza, coliflor o la berza que refuerzan de forma importante nuestro sistema de defensas».

“Las legumbres se perfilan como uno de los alimentos más ingeridos en las épocas otoñales e invernales, y representan un importante aporte de fibra, proteínas y vitaminas.”

No obstante, el frío invita normalmente a recurrir al plato denominado de «cuchara» y a incrementar la ropa que utilizamos «lo que unido a una disminución del ejercicio físico podría llevarnos a incrementar de peso», alerta el doctor Cuéllar, «por lo que siempre es recomendable controlar el aporte calórico que ingerimos diariamente». Las legumbres se perfilan como uno de los alimentos más ingeridos en las épocas otoñales e invernales, «y representan un importante aporte de fibra, proteínas y vitaminas», lo que le sitúa como un único plato que colmaría las necesidades de una comida principal, «pudiendo añadirle algunas verduras que lo completen».

Como recomendación general se mantiene la de realizar cinco ingestas a lo largo del día, «pero sin excedernos en el aporte calórico y siendo el desayuno el más energético, lo que nos llevará hasta la comida con menos ansiedad y a una cena ligera con dos horas de antelación a la hora de dormir», recuerda este especialista.

Fuente: diario ABC Castilla y León

http://www.abc.es/local-castilla-leon/20150925/abci-dieta-para-otono-201509250945.html