Siempre queremos lo que vemos a otros. Somos envidiosos por naturaleza. Y gregarios, por qué no reconocerlo. Basta que alguna persona de nuestro entorno haga algo – y nos parezca que lo disfruta- para que deseemos imitarlo. Así que si tu hijo se niega a comer verdura, si pasa de los platos de cuchara, piensa en el ejemplo que recibe antes de tratar de enchufárselos por un embudo como si fuera un pato engordado para hacer foie.

No nos engañemos, una galleta es mucho más apetecible que una zanahoria. Una croqueta siempre le dará mil vueltas a un plato de acelgas. Lo sabes. Y tú también prefieres una hamburguesa que unos guisantes. Claro que no solo de pan vive el hombre y tanto las verduras como las legumbres son necesarias, imprescindibles para nuestro bienestar. Más aún en el caso de nuestros hijos, que están en pleno desarrollo. Ellos -y nosotros- tienen que crecer a lo alto y no a lo ancho. Y para eso, el verde es fundamental. Así que busquemos soluciones a un problema.

Lo dicho. Si buscas que los peques coman frutas y verduras, predica con el ejemplo. Y haz que vean cómo las devoras con gusto. Sobreinterpreta si es necesario -en Hollywood les funciona-, pero los enanos tienen que pensar que estás pasando uno de los mejores momentos de tu vida con cada bocado de vainas. Con la paciencia del pescador, vamos a intentar que sea él quién acepte voluntariamente este cáliz.

Claro que tampoco podemos pretender ser más papista que el Papa. Deja que tus hijos vayan aprendiendo a comer verdura, fruta y legumbres poco a poco y a su ritmo. Celebra lo que ingieran y no le des importancia a lo que quede en el plato. Por cierto, pasa de miedos infundados sobre que no estén suficientemente alimentados. Piensa en lo que tú comías a su edad y cómo eres hoy. Así que dales una oferta variada y que sea la mano oculta del mercado la que haga subir o bajar el consumo de cada uno de los productos. Quizá no le guste la coliflor -el que esté libre de pecado que tire la primera piedra- pero igual le va dando a las alcachofas. Observa sus reacciones.

De paso, sé listo y pónselo fácil. Hay verduras ‘dulces’ como los guisantes, el maíz, la zanahoria, la calabaza… que resultan más sencillas de tragar. Razón tampoco le faltaba a la niñera del paraguas cuando cantaba lo de ‘con un poco de azúcar’… Vístete de Pulgarcito cocinillas y deja un rastro de pedacitos de verdura como guarnición del plato principal. Unos guisantes, unos granos de maíz. A ver si los pincha aunque sea por error entre trozo y trozo de filete.

Y ya puestos camufla algo en el plato principal. Incorpora verduras y frutas a las salsas. Si acompañas el pollo con un pure de manzana es hasta posible que le coja el gusto. La lasaña puede ser vegetariana, que el tomate y el queso todo lo enmascaran, como bien demuestra Arguiñano en su cocina televisiva. La lechuga tampoco está de más que sea un fijo en los bocadillos. Las hamburguesas de franquicia llevan hasta pepinillo y pocos peques se quejan por ello.

No obstante, los trucos de prestidigitador culinario no funcionarán siempre. Por lo que mejor aprendamos también a cocinar en serio, de una forma atractiva y divertida que nos eviten toda esta parafernalia. Los colores y las formas de las verduras son un buen material con los que dibujar sobre el plato. De hecho, la visión pictórica de la cocina es un concepto que aplica David Muñoz hace años y que le ha merecido las más altas alabanzas mundiales. Puede parecer una tontería, pero si los txikis no son todavía muy mayores montar un Mickey – o la cara de un elefante- en el plato sorprenderá a los comensales quizá lo suficiente para que se lo coman. ¿Cómo se hace un Mickey? Es muy sencillo. En el fondo, el famoso ratón son tres redondeles. Uno central para la cara y dos pequeños en las orejas. Con dos moldes circulares, hecho. Puedes poner un bouquet de ensalada verde en el centro y tomate o pepino en los apendices.. o colifor en el centro y brecol en las orejas… Échale imaginación.

Otra idea, los chips de verduras. Con la inspiración en el calabacín rebozado de toda la vida. Solo necesitas una mandolina -o maña con el cuchillo-, sal y aceite muy, muy caliente. Elige varias verduras, córtalas muy finas, sala, deja que expulsen el agua y a freír. Se quita el exceso de aceite en un papel absorbente y a disfrutar. Sería parecida una tempura como la del chino o los aritos de cebolla que sí les gustan (misterios de la creación).

Ah, y un detalle que no debemos olvidar. La mesa de negociación no puede ser nunca la de tu cocina. La democracia participativa en la familia está muy bien, pero hay ciertas líneas rojas que no debes sobrepasar. No abras el melón de usar el postre como premio. Jamás pronuncies eso de ‘Si te comes la lentejas te dejo repetir flan en el postre’ o aún peor ‘Si no te acabas las vainas, no bajas a jugar al parque’. La comida no es ningún castigo ni un trabajo por el que recibir una competencia. La fruta si quieres la comes y sino la dejas. Si entras al juego acabaran por torearte.

SERGIO EGUÍA

Fuente: El Correo

http://m.elcorreo.com/alava/ocio/201404/28/chips-verduras-ninos.html