Zaragozano de 50 años, se licenció en Medicina por la Universidad Autónoma de Barcelona, y se formó como pediatra en el Hospital de Sant Joan de Déu de esta ciudad. Es fundador y presidente de la Asociación Catalana Pro Lactancia Materna (ACPAM) y autor del exitoso libro Mi niño no me come (Ed. Temas de Hoy, 2002). También ha escrito Bésame mucho: cómo criar a tus hijos con amor (2003) y Un regalo para toda la vida: guía de la lactancia materna (2006), que, junto con su primera publicación, conforman Comer, amar, mamar: guía de crianza natural (2009). Sus últimas obras son Entre tu pediatra y tú; y el más reciente y polémico En defensa de las vacunas. En esta ocasión nos habla de cómo afrontar los problemas que pueden surgir con los niños que aparentemente comen poco o rechazan algunos alimentos.

Muchas madres tienden a menudo a pensar que sus hijos comen poco y que por ello tienen un problema. ¿Cuándo se puede considerar que deberían preocuparse y acudir a un especialista y cuándo se podría decir que exageran o se preocupan sin motivo? ¿Qué síntomas pueden alertarnos de que verdaderamente existe un problema de este tipo cuando nuestro hijo come muy poco o rechaza algún alimento?

Hay que acudir al médico cuando un niño pierde peso o engorda claramente menos de lo normal (no menos de la media, como la mitad de los niños, sino menos de lo normal). El que engorda normalmente es que está comiendo suficiente, y punto.

En algunos casos, el rechazo absoluto a un alimento concreto puede indicar alergia, sobre todo si cuando lo prueba se queja de dolor de barriga o tiene otros síntomas. Pero, en general, cuando rechazan un alimento es porque no les gusta, igual que nos pasa a los adultos

Por su experiencia, ¿cuáles son los problemas más comunes con la comida que puede presentar un bebé o un niño pequeño? ¿Cuáles son los principales motivos que los ocasionan?

El problema más habitual con la comida de un niño pequeño es el intento de los adultos (padres y abuelos y a veces maestros o monitores de comedor) de intentar obligarle a comer. Es un grave problema, que produce sufrimiento, angustia, humillación y a veces vómitos e incluso (si se tiene éxito) obesidad. El motivo suele ser la visión distorsionada de los adultos sobre cuál es la cantidad normal de comida que necesita un niño, y la falta de respeto hacia el niño como ser humano.

¿Suele haber soluciones comunes a todos estos tipos de problemas, o por el contrario es preferible acudir a un especialista para encontrar una solución personalizada?

Para los problemas médicos (alergias, celiaquía, úlcera gástrica…) hace falta consultar a un médico. Pero cuando el problema es que están obligando al niño a comer, la solución es sencilla y está al alcance de todos: basta con dejar de obligarle.

El tema de “premiar” al pequeño cuando se termina la comida o coma algo que no le suele gustar, ¿es positivo?

Me parece una aberración. En general, no soy partidario de dar premios a los niños por «portarse bien»; creo que el bien debe hacerse por sí mismo, porque es lo correcto, y que estamos desvirtuando el sentido moral de un niño si le hacemos creer que sólo ha hecho el bien por interés, para obtener un premio. Pero es que en este caso le estaríamos premiando por «portarse mal», por comer demasiado (la obesidad infantil es uno de los mayores problemas de salud en nuestro país) o por comer lo que no le gusta (una conducta anómala que no queremos potenciar, ¡los adultos no comemos lo que no nos gusta!). En todo caso, deberíamos fomentar una conducta alimentaria sana: comer lo que nos gusta, y comer según nuestro apetito, no lo que nos imponen otras personas.

Podría darse el caso que un niño no tolere algún alimento o lo rechace porque verdaderamente le siente mal o le provoque algún tipo de intolerancia, ¿cómo nos damos cuenta de que ocurre algo de este estilo?

Lo que decía antes: si hay una intolerancia o una alergia, probablemente el niño sufra dolores, náuseas, vómitos, reacciones cutáneas, diarrea… Pero la cuestión no es ésa. La cuestión es que no se puede obligar a un ser humano a comer algo que no quiere comer. A los adultos jamás nos obligan; el que no quiere pescado no come pescado y punto, y nadie se enfada ni se extraña ni le pide un certificado médico para demostrar que es alérgico.

Imagino que puede ser igual de problemático o preocupante que el niño no coma o coma poco, que que coma demasiado ¿no es así?

Una vez más, lo importante no es la cantidad que come, sino el peso. Si está engordando demasiado, conviene consultar al médico. Pero si el peso es normal, simplemente el niño está comiendo lo que necesita.

¿Podría darnos algún consejo o truco para los niños que no quieren comer verduras o frutas?

Dejarles en paz y no insistir para que coman frutas y verduras. Que es exactamente lo que haríamos si el que no quiere fruta o no quiere verdura fuera un adulto.

¿Podría darnos algún consejo o truco para los niños que rechazan la leche?

No darle leche. Si tiene menos de tres años, hablar con el pediatra por si necesita un substituto de la leche o por si su rechazo puede indicar alergia o algún problema. Si es un niño mayor, pues el que no quiera leche, que coma otra cosa, no pasa nada.

http://www.webconsultas.com/bebes-y-ninos/creciendo/entrevista-carlos-gonzalez-pediatra-y-autor-del-libro-mi-nino-no-me-come-2643