En el desayuno, en el café de media mañana, como postre, para merendar, después de cenar o mientras vemos la televisión…siempre resulta apetecible una palmera, un bollo o un pastel de chocolate.

Muy asequible, la bollería industrial la podemos encontrar en muchos establecimientos comerciales. Aunque muy agradables al paladar por su sabor dulce y su contenido graso, no son la mejor opción para nuestra salud.

¿Son buenos para la salud?

Proporcionan a nuestro organismo una gran cantidad de azúcares simples y grasas, ((en algunos casos, pueden llegar a aportar más de 500 KCal por unidad, lo cual puede suponer cerca de una cuarta parte del total de la energía diaria que necesitamos, según la ingesta de referencia de un adulto medio), que se traduce en un alto aporte energético. Por esta razón es importante leer la información nutricional que aparece en el etiquetado de los productos, ya que no todas las grasas son iguales para la salud.

Los consumidores debemos de saber que el término “grasas vegetales”, que aparece frecuentemente en los etiquetados, no significa necesariamente que sean beneficiosas para la salud, como lo es el aceite de oliva (y también el de girasol).

Las “grasas hidrogenadas” o “grasas parcialmente hidrogenadas”, muy comunes en los etiquetados de estos productos, se obtienen a partir de aceites líquidos de origen vegetal (por tanto, no contienen colesterol, ya que éste sólo aparece en alimentos de origen animal: huevos, carnes, leche, pescado…) que se someten en la industria alimentaria a un proceso de hidrogenación que las transforma en grasas sólidas. Así, se consigue, de una forma económica, una grasa con mayor dificultad para enranciarse (mayor duración del producto) y con unas características tecnológicas concretas (por ejemplo, un punto de fusión determinado para la textura del producto al introducirlo en la boca, haciendo que se deshaga y resulte más agradable al paladar).

También en este proceso se pueden generar lo que se denominan “grasas trans”, perjudiciales para la salud, ya que aumentan lo que se popularmente se conoce como “colesterol malo” y disminuyen el “colesterol bueno”, aumentando el riesgo de padecer alteraciones cardiovasculares.

En la pastelería “tradicional” puede emplearse como ingrediente otro tipo de grasas (manteca, mantequilla…), pero la distribución de estos productos a granel y sin etiquetado no nos permite saber qué tipo de grasa se ha utilizado en su elaboración.

 

¿Cuáles son las recomendaciones de consumo de este tipo de productos?

La bollería, los dulces, los snacks, aperitivos salados… son lo que los dietistas solemos agrupar bajo el título de “alimentos superfluos”, ya que aportan cantidades importantes de calorías, azúcares simples y grasas que no resultan beneficiosas para la salud.

Por ese motivo la recomendación de consumo es “ocasional”; es decir, no son necesarios para nuestra nutrición, pero tampoco tienen por qué eliminarse radicalmente de la dieta (salvo que exista un problema de salud que así lo contraindique). Se pueden consumir con moderación y de forma puntual, en ningún caso de forma habitual formando parte de desayunos, meriendas, postres…

El consumo “ocasional” podemos traducirlo como “cuanto menos, mejor”, ya que sin proponérnoslo surgirán ocasiones (cumpleaños, celebraciones, caprichos…) de consumo.

Aunque parezca simple, un truco eficaz para evitar o limitar su consumo es evitar que formen parte de nuestra lista de la compra habitual, porque, al no tenerlos en casa, no los consumiremos.

¿Cuál es la alternativa saludable?

Una buena alternativa a estos productos es una pieza de fruta. No sólo evitaremos exceso de calorías y grasas perjudiciales, sino que añadiremos fibra, vitaminas y antioxidantes a nuestra dieta.

Si una pieza de fruta no es suficiente para saciar nuestro apetito, podemos complementarlo con un lácteo, un puñado de frutos secos, un poco de pan (mejor integral) con fiambre, queso fresco…

Sin embargo, si nuestra pasión es el dulce, siempre podemos sustituir la bollería industrial por productos de repostería elaborados en casa (el típico bizcocho de yogur, la tarta de zanahoria, magdalenas caseras…) que aportan una cantidad importante de calorías, pero también grasas saludables (si utilizamos para cocinarlos aceite de girasol o de oliva).

Laura González

Dietista de Gastronomía Baska

 

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