Las discusiones sobre la vida útil de los alimentos son habituales en muchas familias, algunos de cuyos miembros tiran a la basura los yogures cuando apenas llevan un día caducados y otros se comen sin dudarlo cualquier producto que no tenga muy mal aspecto, independientemente de lo que figure en el etiquetado. Su argumento: “Total, lo que no mata engorda”.

Conocer las diferencias entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente, saber qué hace que un alimento sea muy o poco perecedero y desterrar algunas exageraciones son los pasos básicos para decidir qué productos desechar ante la menor anomalía y cuáles pueden tener una vida mucho más larga.

¿Hay productos ‘inmortales’?

Hay quien afirma que algunos alimentos no caducan nunca, como la sal, el azúcar, la miel, el aceite, el vinagre o las especias. Los nutricionistas a los que ha consultado CuídatePlus no son tan tajantes. Ildefonsa Sánchez Caro, vocal de la Junta de Gobierno del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de la Junta de Andalucía (Codinan), señala que existen “alimentos cuya vida útil es muy larga, pero siempre van a tener una fecha de consumo preferente, puesto que con el paso del tiempo sus características organolépticas (textura, color sabor) van cambiando”.

“Consumir un alimento una vez pasada la fecha de caducidad puede ser peligroso.”

Por eso, tal y como apostilla Manuel Moñino, presidente del Colegio Oficial de dietistas Nutricionistas de Islas Baleares (Codnib) y miembro del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas Nutricionistas  (Cgdne), “debemos guiarnos por el sentido común y comprobar el aspecto del producto, su olor, su sabor…, rechazándolo si tiene moho, huele mal, tiene un sabor raro o está rancio”. También hay que tener en cuenta que las condiciones de conservación hayan sido las adecuadas.

No obstante, el experto añade que hay “algunos alimentos que han perdido su textura pero mantienen el sabor y su aroma y se pueden utilizar para otras preparaciones”. Por ejemplo se pueden emplear “unas magdalenas que han quedado duras para hacer un pudding”.

Caducidad y consumo preferente

Los productos como el azúcar o las especias suelen llevar fecha de consumo preferente, mientras que a los más perecederos se les asigna una fecha de caducidad. Moñino explica que esta última “indica el momento hasta el cual el alimento puede consumirse de forma segura”. Entre los alimentos con una vida útil muy corta en los que se consigna se encuentran la carne picada o cortada, pescados limpios envasados, yogures, quesos frescos, frutas y hortalizas cortadas…

El dietista recalca que no se debe “consumir ningún alimento una vez pasada la fecha de caducidad porque puede ser peligroso”.

“Los alimentos con una vida útil es muy larga siempre van a tener una fecha de consumo preferente, puesto que con el paso del tiempo sus características organolépticas (textura, color sabor) van cambiando.”

Por otra parte, esa fecha solo es válida si se respeta el modo de conservación: “Por ejemplo, si compramos carne picada y la dejamos a temperatura ambiente durante horas, aunque no esté pasada la fecha, debe desecharse”. También es importante saber que, una vez abierto el envase, “el alimento debe consumirse antes de la fecha de caducidad”. En cambio, si se congela la carne o el pescado “se puede conservar uno o dos meses pero, una vez descongelado, se debe consumir el mismo día”.

La fecha de consumo preferente indica, en palabras de Sánchez Caro, “que su contenido, después de ese momento, ya no ofrece toda su calidad al consumidor”. En este caso se trata, por lo tanto, de una recomendación. El alimento sigue siendo seguro para el consumidor, siempre que se respeten las instrucciones de conservación y su envase no esté dañado.

La experta en nutrición subraya que tanto la fecha de caducidad  como la de consumo preferente “indican el momento concreto en el que termina el periodo de comercialización de un producto y, por tanto, de su retirada de las estanterías”. Esto implica que si una persona adquiere “un alimento pasado de fecha tiene derecho a que el vendedor se lo restituya por uno cuya fecha de caducidad o de consumo preferente no haya pasado”.

Criterios de seguridad

Los microorganismos son el principal enemigo que se esconde en los alimentos. “Los que son susceptibles de incluir una fecha de caducidad son aquellos muy perecederos por sus características fisicoquímicas, su contenido en nutrientes y agua y, sobre todo, por su carga microbiana natural”, reseña Moñino.  Sánchez Caro agrega que también “incluyen el oxígeno el pH y la temperatura en la que estén”. En este grupo se encuentran, principalmente, el pescado y mariscos frescos, carnes frescas, los huevos y la leche.

Sin embargo, los productos que contienen poca agua (como las legumbres) o están esterilizados (conservas de pescado u hortalizas), tienen una mayor vida útil porque es más difícil que crezcan microorganismos o han sido eliminados en el proceso de esterilización.

Pérdida de propiedades nutricionales

En lo que se refiere a la pérdida de propiedades nutricionales con el paso de los días, la nutricionista explica que, normalmente, “se pierden más con los tratamientos tecnológicos que les damos a los productos –procesos industriales, cocinado, congelado…- que con el transcurso del tiempo que podamos tener, por ejemplo, una naranja en el frutero de casa”.

“Es fundamental diferenciar las fechas de caducidad y de consumo preferente, ya que esa confusión lleva a tirar a la basura gran cantidad de alimentos que podrían consumirse con toda seguridad.”

Todos los alimentos modifican su contenido en nutrientes durante su periodo de vida útil debido a reacciones internas o a posibles alteraciones de su entorno –exposición a la luz, altas temperaturas…-“, alega el presidente del Colegio de Dietistas de Islas Baleares. Así, en los zumos envasados se reduce el contenido de vitamina C a medida que se alcanza su fecha de consumo y lo mismo sucede con los alimentos que se dejan varios días en la nevera. “Sin embargo, esta reducción de nutrientes no es tan significativa como para desechar el alimento”, resalta.

Este experto reconoce que “es posible que las fechas de caducidad puedan extenderse ligeramente, pero se imponen las medidas de precaución para reducir el riesgo de intoxicaciones alimentarias”. No obstante, con el fin de reducir el desperdicio de alimentos, considera fundamental “diferenciar las fechas de caducidad y de consumo preferente”, ya que esa confusión lleva a tirar a la basura “gran cantidad de alimentos que podrían consumirse con toda seguridad”.

Sánchez Caro anima a “comprar alimentos frescos y pararnos a verlos y olerlos. Así esteremos aprendiendo a identificar los verdaderos olores, sabores y texturas en su estado óptimo”. Con ese aprendizaje “y la información que nos proporcionan los envases podremos disfrutar de los alimentos sin preocuparnos por nada”.

María Sánchez-Monge

 

Fuente: CuídatePlus

Fotografía: CuídatePlus

 

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